Una semana después
Lunes. 10.45 a.m. Voy tarde, pero estoy contento. Después de siete días de reuniones, llamadas, viaje exprés a Barcelona y reorganización de todo, por fin tengo tiempo de sentarme a sonreir.
Lunes. 10.45 a.m. Voy tarde, pero estoy contento. Después de siete días de reuniones, llamadas, viaje exprés a Barcelona y reorganización de todo, por fin tengo tiempo de sentarme a sonreir.
Siempre había oído hablar del tema. En alguna ocasión incluso llegué a leer sobre ello, pero nunca había profundizado, con lo que todo esto me llega por sorpresa. La historia es esta: un padre -fotógrafo de profesión- captura el universo íntimo de su hijo, que sufre de autismo. Bajo este sorprendente titular se esconde una historia realmente dulce.
Estamos faltos de gente motivada por la vida, gente que arriesgue, que persiga sus sueños, que no tema enfrentarse a nuevos retos y que no se hunda ante los obstáculos y despropósitos de la gente. La vida son pequeñas historias que formamos día a día, que unidas, forman una historia más grande, en la que tú eres el protagonista.
Seguro que esta historia os suena, pero en ocasiones voy por la calle y cruzas una mirada con alguien que literalmente te hechiza. O incluso te paras a mirar un escaparate y hay algo -no tiene porqué ser nada en especial- que te atrae, que te deja pegado al cristal como un cromo, como un niño en una fábrica de chocolate -válgame la analogía de Burton-.
Lunes. Amanece soleado y a pesar del despertador, hoy no voy a la oficina. En Madrid, hoy 18 de marzo es festivo, y como regalo a tantos madrugones -y en consecuencia del fin de semana a tope-, hoy trabajo desde casa.