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Infelicidad injustificada

Vale. Llevo una temporada un poco irascible, nervioso, malhumorado y un poco cansado. El que me conoce personalmente sabe que soy especialmente sensible a los factores atmosféricos, y estos días grises, de lluvia y sol -incluyendo granizo inesperado-, sumándole mucho trabajo por hacer, muchos proyectos inacabados y poco tiempo, el resultado es un director agotado de todo.

Dirigir un equipo no es tan fácil. Tienes que estar al loro de todo, dedicarle mucho tiempo a cada miembro del equipo, a cada proyecto. Y claro, esto conlleva que tus horas al día se acaben antes de lo previsto. ¡Quién no ha deseado que sus días tengan 4h más para acabar con todo lo previsto! Esta clase de cosas me han hecho mella, y ya estoy en un punto de inflexión bastante complicado. He llegado a un punto de necesitar vacaciones y dedicarme a pensar. Y es que hace muchísimo tiempo que no pienso. Me explico. Hace mucho tiempo que no tengo tiempo para pensar, y el poco tiempo que tengo para pensar, pienso en que tengo que pensar. Esto es un error grave, y es lo que provoca que me sienta así.

¿Cómo he llegado a esta conclusión? Lo explico. Este fin de semana ha tenido lugar el MADinSpain 2012, y entre muchísimas conferencias súper interesantes, el sábado a última hora, tuvo lugar la de Stefan Sagmeister, diseñador de NewYork. Su conferencia hablaba sobre la felicidad y el trabajo. Pues bien, sus palabras me han calado hondo, y me he dado cuenta que no soy feliz al 100% en este momento. ¿Por qué? Pues porque me olvidaba de lo principal: me dedico a esto por vocación. En estos momentos tan duros a nivel económico, me he centrado demasiado en la búsqueda de bienes gananciales en mis proyectos, y se me olvidaba que cuando empecé en esto, cuando me decidí trasladarme a Madrid y empezar una nueva vida, mi mayor ilusión era hacer justo lo que hago ahora. Trabajar en lo que me gusta, sólo en eso. Con lo cual, debería ser feliz, ¿no?

Parece que no, que no estoy contento al 100%. Ahora es cuando me planteo todos los posibles motivos de mi infelicidad injustificada. ¿Tengo trabajo? Sí. ¿He cumplido objetivos? Sí. ¿Me dedico a lo que siempre he deseado? Sí. Entonces, ¿dónde está el problema? Pues el problema es que no dedico tiempo a pensar. A proyectar. A imaginar. Me he dado cuenta que lo que complementa mi vida, lo que le pone la sal y la pimienta, es mi imaginación, la capacidad que tengo para proyectar y organizar a largo tiempo -sin deadlines.

Aunque suene contradictorio, dedicándome a moda y planteando producciones con tanta antelación, sigo sintiendo que todo tiene un deadline y un ‘para mañana’. Con lo que he llegado a una conclusión final: voy a dedicar tiempo a mi materia gris. Una hora al día, por lo menos, voy a sentarme a imaginar. Voy a sacar provecho de todas las ideas que se acumulan en el black-book -además de la agenda, tengo un libro secreto donde anoto todas mis ideas, y como su propio nombre indica, es negra-. Voy a anotar nuevas ideas, recortes, fotos, palabras clave. Se acabó de estar metido en esta nube gris de infelicidad.

¿Por qué os cuento todo esto? Porque seguramente muchos de vosotros estéis en una situación parecida. Pretendo que, contando mi decisión, os levantéis de la silla, respiréis hondo, y sonriáis. Tenemos la suerte de dedicarnos a lo que queremos. Así que acabemos con esta infelicidad injustificada, y salgamos del agujero.

Una vez más, sed felices.

Antonio Fdez · The Editor