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La espiritualidad del Frappuccino

Todos alguna vez en nuestra vida hemos sido adictos a Starbucks, bien sea por los Frappuccinos  de tamaño industrial, por sus envases a lo “Mary Kate Olsen” que quedaban tan bien con nuestra ropa, o por esos maravillosos muffins con doble de chocolate  que mi metabolismo me tiene prohibido comer. Sea la razón que sea, todos hemos sido víctimas  alguna vez del fenómeno “Starbuckiano”. Algo completamente lógico si tenemos en cuenta que están por todas partes. Raro es el país en el que en busca de algo familiar que comer uno no consigue localizar ese característico logotipo verde con la sirenita dentro. Por que ¿Es una sirena, no? El caso es que a Starbucks no hay sitio que se le resista. Ningún rincón del mundo es tan remoto como para que el imperio del sandwich de rúcula  y el café a litros no lo pueda colonizar.

 

Pero existen lugares y lugares. No es lo mismo montar una cafetería en un centro comercial de Palm Beach, que en los alrededores de Dazaifu  Tenman-gü, el segundo templo sintoísta más visitado en Japón. Y es que esto último ha sido  lo que a los de Seattle se les ha ocurrido hacer. Para ello la empresa  ha contado con el  estudio de arquitectura Kengo Kuma, el cual ha sido el responsable  de la ejecución de este delicado proyecto.  Y me atrevo a decir que no lo han hecho nada mal teniendo en cuenta la dificultad de la propuesta. Era un proyecto que ante todo debía integrarse con el medio, algo que es un principio básico para el sintoísmo, segunda religión con más fieles en Japón. Su diseño se basa en 2000 bastones de madera tejidos de forma diagonal, un  tipo de trazado que crea una bonita sensación de ligereza y continuidad, logrando una estética muy natural.  Lo que se buscaba era un local que nada tuviese que ver con el estilo abarrotado y comercial de los demás establecimientos de la cadena cafetera.

¿El resultado? Una estupenda mezcla entre diseño y tradición que seguro será el punto de encuentro perfecto para los que después de tanta oración les apetezca tomarse un cafetito. Desde luego a mi me encantaría poder tomarme mi frapuccino tamaño venti y disfrutar de una localización tan particular, que además de tener ese  ” japanese style” resulta de lo más espiritual.